Ahora que mis intenciones fotográficas se han consolidado y que mis proyectos personales van tomando forma y fondo. Ahora que cada foto que hago no solo me divierte sino que también tiene una finalidad, Ahora que me he reencontrado con la fotografía de una forma más intima y personal, ahora, quiero poner sobre la mesa algunos de mis anteriores trabajos. También porque alguien muy cercano a mi me ha picado.
Estas fotografías se publicaron en el Diario HOY de Extremadura el 10 de diciembre de 2006.
Fuera llueve. Dentro, siete puertas con barrotes de acero se abren una tras otra ante nosotros para llegar hasta un aula de enseñanza instalado en el pabellón de mujeres de la cárcel de Badajoz.
Nos conduce un hombre extremadamente serio y trajeado.
Aquí todo parece mucho más frio. Dentro, Isabel María, la profesora de literatura, nos recibe con una gran sonrisa que hace que nuestra tensión se alivie.
El aula acogerá en unos minutos a siete alumnas muy especiales.

Nuestra presencia es un cambio en su rutina diaria y eso genera alborozo. Tras las presentaciones y las oportunas aclaraciones sobre fotos sí, fotos no, Isabel María recita: “Si no es amor, ¿qué es esto que yo siento? Manuela, una de las reclusas, escucha con la mirada de quien puede ver más allá de esas paredes.
Treinta metros cuadrados no dan para mucho. Mi intención es ir acercándome poco a poco para que no se sientan intimidadas y dejar así que la clase fluya a su ritmo.
Las alumnas se van relajando. Sara (i) y Josefina (d) escriben los versos que ahora ocupan la pizarra.
En la mayoría de ellas se percibe los estragos causados por la droga. Mujeres jóvenes con rostros envejecidos que ocultan un pasado de belleza interrumpida.
Es el momento de expresar los sentimientos a través de sus propios versos y aunque no está permitido, un cigarro relaja las tensiones.
Cada una leerá su obra, sus pensamientos, sin complejos. Isabel María analizará cada uno de los textos como si de versos de Bécquer o Lope de Vega se tratase.
Paula (i), Cris (c) y Manuela (d) escuchan atentas las aclaraciones.
Durante el ‘recreo’ charlo con Sara, primero se siente fuerte, pero poco a poco los recuerdos la doblegan.
De fondo suenan unas palmadas que interrumpen su pensamiento. Isabel María pide que vuelvan a sus asientos. Como en un centro de enseñanza cualquiera, todo sigue su ritmo.
Muchas emociones, muchos recuerdos, muchos sentimientos y una palabra en común en todos sus textos: Libertad.
Casi todas han hablado sin tapujo de su condena, de su pasado y futuro, de sus hijos y seres queridos, de las Navidades, de los ‘chabolos’, del bis a bis, del economato, de drogas, prostitución, de odio y cariño.
Me voy lleno de fantásticas pero duras historias y de nuevo con esa extraña necesidad de analizar al ser humano.
Tras de mi se cierran las siete puertas de acero. Salgo a la calle, ya es de noche y huele a tierra mojada. “¡Si pudiera acercarles este olor!”
No puedo olvidar que este y otros muchos reportajes que hice fueron gracias a la confianza que mis compañeros Jon Cuesta y Antonio Gilgado pusieron en mi. Gracias chicos.











Escrito por Lucas
Escrito por Lucas
Escrito por Lucas 


















