Reír por vergüenza ajena o llorar de tristeza

Todos hemos pasado, de una forma u otra, antes o después, por esa difícil y comprometida situación de tener que responder a la pregunta ¿cuánto te gustaría ganar en este empresa? A otros os habrán preguntado ¿cuánto crees que deberías ganar aquí? O aún peor, verte frente a frente con tu jefe y escuchar de forma prepotente ¿crees que te mereces lo que te pagamos?, incluso cosas peores.

Cada uno de nosotros puede poner el precio que quiera a su trabajo, está en todo su derecho, el mismo que tienen los demás a aceptarlo o no. (El juego de siempre). Unos responderán a las anteriores preguntas agarrándose a la ley: “lo que me corresponda según el convenio colectivo”; otros incluso, por quedar bien dirán “ahora el dinero no me preocupa mucho, lo que quiero es trabajar y hacerme un hueco en esta gran empresa”; y es más, otros llegarán decididos y dispuestos a bajarse ‘literalmente’ los pantalones con tal de que los contraten aunque sea en prácticas. También están en su derecho.

La cuestión es que cada uno de nosotros tenemos un precio y esa cantidad debe de estar ligada a nuestra formación, profesionalidad y rendimiento. Todo trabajo que genere un beneficio a terceros debe ser remunerado. Lo que no es de recibo es que existan empresas o personas jurídicas que pretendan pasarse por el forro de los pantalones el trabajo de los demás.

Todo esto viene por mi última experiencia en el terreno fotográfico, que de eso va este blog, de fotografía.

Recientemente visité, junto a mi compañero de fatigas Jon Cuesta, los campos de refugiados de Tindouf (Argelia) para realizar varios reportajes de los saharauis que allí ‘sobreviven’. Si complicado es realizar una buena cobertura en el Sahara, no lo es menos seleccionar la ingente cantidad de imágenes que traes, procesarlas y por último conseguir que alguien te lo publique. Posiblemente la última parte es la más frustrante, pero forma parte del lote y más o menos tenemos asumido que no es nada fácil ver tu trabajo en papel (cada día le estoy dando más vueltas a eso de publicar mi propio libro… que seguramente nadie compraría).

Aunque no estoy hablando de esta publicación os muestro el interior del número 3 de CuentaKilómetros (una grandísima revista) en la que ya publiqué un reportaje sobre los niños del Sahara.

Hoy, mi compañero Jon, que además de ser quien escribe en los reportajes se está convirtiendo en el ‘comercial’, ha decidido contarme la conversación que mantuvo con una de las personas encargadas de una publicación.

La historia es bien sencilla. Dicha persona propone una cantidad por el trabajo y mi compañero le responde que dicha cantidad está bien para su parte (el texto) pero ¿a cuanto vais a pagar las fotos? La respuesta de la persona encargada de esa publicación fue ¡Ah!, ¿pero el fotógrafo también quiere cobrar?

No sé si reír de vergüenza ajena o llorar de tristeza.

Jon fue prudente. Yo hubiera colgado el teléfono.

Una respuesta para “Reír por vergüenza ajena o llorar de tristeza”

  1. Jorge Dice:

    !Que barbaridad¡ lo peor de todo es que es cierto y sucede en todo el mundo; le agrego una más .” regalame una copia”.

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